Experiencia del Retiro de Meditación En Silencio de 2018. 2ª

Asistente al Retiro nos envía su experiencia en el Retiro de Meditación en Silencio:

Mi primera meditación en silencio

Cuando decidí experimentar un retiro de silencio surgieron dudas, las típicas preguntas de alguien que no ha explorado ni un ápice ni su interior, ni su espiritualidad… nunca… Preguntas que ahora me resultan un tanto ingenuas, como: ¿No se puede hablar nada de nada? ¿y si pasa algo importante? ¿sabré meditar? ¿me quedaré dormida? ¿no se puede hacer nada más, como por ejemplo leer o hacer punto? Prrrfff… Preguntas, dudas, miedos… De lo que sí estaba segura era que quería hacerlo sola, puesto que aspiraba a que fuese una experiencia auténtica y personal, comprometida con lo que supone hacer un retiro de esas características. Así que, ni corta ni perezosa, empaqué algo de ropa cómoda y un neceser, y me presenté en aquel bello lugar entre los montes que rodean Coín, donde para mi horror no había cobertura wi-fi, y donde pasaría cuatro días rodeada de gente extraña con la que ni siquiera podía intercambiar ni una sola palabra. En principio no parecía un planazo, ¿verdad?

Una cosa que me generaba inseguridad era el hecho de estar rodeada de gente que no conocía, pero me reconfortaba el hecho de que habría un recibimiento donde podríamos hablar y resolver dudas. Sin embargo (no me siento orgullosa) llegué tarde, y lo primero que recibí fue la mano amable del Lama Khenpo Ngedön que me recibía con una sonrisa. Tristemente no pude más que intercambiar un par de frases con los organizadores antes de pasar a la sala de meditación donde comenzaría el silencio; situación que me perturbó un poco, pues iba a comenzar el retiro en casi absoluta compañía extraña y sin presentarme debidamente ante mis compañeros. Decidí entonces poner en práctica el refrán “allá donde fueres, haz lo que vieres”.

Hago esta introducción porque quizás una de las mejores experiencias que me llevo de este primer retiro han sido la paz y el cariño que se percibía en la convivencia entre desconocidos durante esos días. El apoyo mutuo durante la disciplina horaria de madrugar, meditación, enseñanzas y ayuno nocturno; en las miradas de comprensión y complicidad, y en los espacios y en el silencio compartido.

En cuanto a las meditaciones, la experiencia fue evolucionando a medida que se avanzaba en la práctica. Lama Khenpo Ngedön nos aconsejaba durante las sesiones de lección y también nos alentaba puesto que sabía las dificultades e inseguridades que nos inundaban durante la meditación. Si había dudas, solo era cuestión de paciencia porque se irían resolviendo durante estas sesiones de enseñanzas. A todo esto, hay que agradecer el sentido de humor del que el Lama Khenpo Ngedön hacía gala durante sus exposiciones, que transformaban la sala de meditación en un espacio humano y relajado.

No puedo más que agradecer también el amor y dedicación que los voluntarios emplearon en la elaboración de nuestra comida, tan variada y deliciosa, tan cuidada… y estudiadamente vegetariana, coherente con la práctica de la compasión que habíamos ido a cultivar. En mi caso, continúo desde entonces cuidando mi alimentación en ese sentido, puesto que no quiero que el retiro se convierta en un hecho aislado, si no en el comienzo de un cambio de vida y de sentir continuado.

Solo tengo palabras de agradecimiento.


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