Experiencia del Retiro de Meditación en silencio 2018

Me gustaría compartir la experiencia que he vivido al participar en el retiro de silencio de Lama Khenpo Ngedön esta Semana Santa.

Llevaba tiempo queriendo hacer un retiro pero nunca me había atrevido a dar el paso. No tenía confianza en poder cumplir las normas estrictas que imaginaba que tendría un retiro, sobre todo uno de silencio. Además, unas veces no me sentía con ganas de interrumpir mis rutinas y siempre tenía cosas mejor que hacer en cuatro días de vacaciones. Pero tomé la decisión, fui y me alegro de haberlo hecho.

Lo primero que me sorprendió fue que era el propio Khenpo el que nos recibía pero después me fui dando cuenta de que ese recibimiento no era casual ya que estuvo con nosotros todos los días, dándonos explicaciones y guiándonos en la meditación.

Cuando empezó el silencio me pareció imposible que pudiera aguantar 4 días sin hablar, sin whatsapp, sin internet y sin muchas otras cosas a las que estoy acostumbrada. También me preocupaba la comida vegetariana. Preocupaciones absurdas porque descubrí que el silencio puede ser maravilloso y que en realidad no impide la comunicación con las personas: me encantaban las miradas, las sonrisas, los gestos, la naturaleza que nos rodeaba y la maravillosa comida de la que disfrutamos.

Desde antes del amanecer hasta las 10 de la noche se iban sucediendo las llamadas del lama con el gong: a meditar, a escuchar, a comer, a caminar, a dormir…así fueron transcurriendo los días en los que mi mente pasó de sentirse abrumada por la cantidad de pensamientos que llegaban a ella a ir apaciguándose, a intentar aceptarlos, a aprender a dejarlos que surjan y que se vayan, sin juzgarlos, sin preocuparse, sin evitarlos, sin rechazarlos, sin perseguirlos, sin bloquearlos. Pensamientos como una cascada de agua, como nos decía Khenpo, que van cayendo. Intentaba no meterme en ellos, verlos como una caravana de coches de bonitos colores que ves sentada desde una colina en la lejanía, como una serpiente que a veces se mueve y a veces se queda parada.

Los cantos recitados: deja ir los sonidos, que son como ecos, deja ir las acciones, que son como juegos de niños, di adiós a los pensamientos, que son como nubes, deja que tu mente sea como el espacio…

En los descansos, deliciosos tés de todos los aromas, sabores que nos mimaban en las comidas, cielos estrellados, luna llena y dormir como “un tronco” por las noches.

Y al final, cuando se levantó el silencio, la sorpresa de que no tenía mucho que decir y la alegría de haber dedicado estos días a empezar a aprender, la belleza de la introspección, y la meditación en la compasión: inspirar, exhalar, recibir amor y compasión, compartir amor y compasión.

Gracias por estos días.

 

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